Evitando caer en la simple connotación de "líquido producido por el proceso corporal de la lagrimación para limpiar y lubricar el ojo" puedo decir que con éxito he encontrado el lugar de origen de este proceso natural.
Científicamente se cree que es el hipotálamo junto con el sistema límbico son los responsables de los sollozos que prueban nuestra humanidad.
Pero luego de varias experiencias, puedo afirmar con gran seguridad que esta creencia es mas que errónea.
Porque nada de lo mencionado anteriormente considero alguna vez el llorar como respuesta a estar vivos.
Es la expresión del alma, es el espasmo del corazón y el abatimiento de sabernos muy pequeños en este enorme y caótico mundo.
La impotencia de cuando algo ya no depende de nosotros, cuando la decisión no es nuestra pero nos involucra. Cuando amamos y no nos corresponden. Es ese dolor, ese nudo en la garganta, esas ganas de tener la capacidad de cambiarlo todo lo que nos hacen enrojecernos y regar nuestra piel.
Es sentirnos esclavos de un sentimiento que jamas decidimos experimentar, sino que como presas caímos en ellos y nos volvimos sumisos a la sensación de anteponer a un ser ante cualquier otra cosa.
Es el corazón el dueño de las saladas gotas, porque es el responsable de hacernos amar sin medida a quien quizá ni sepa de nuestra existencia.
Y aunque sintamos la necesidad de que el sentimiento sea recíproco, hay veces, en las que no importa que hagamos, quienes seamos, o que poseamos, no nos van a amar en la misma medida.
Y es cuando notamos eso, que se nos bloquea la garganta, se nos estruje el corazón y se nos desgarra el alma, que somos incapaces de cualquier reacción, solo nos rendimos ante nuestra incapacidad y dejamos a nuestro ser expresarse pacífica pero dolorosa y lentamente a través de las incontables lagrimas que producimos por amor.
No hay comentarios:
Publicar un comentario